• Víctor Landaeta

ODS 4.1 en Chile: Calidad y equidad en los resultados de aprendizaje del sistema escolar

La historia del sistema educativo chileno contempla variados procesos de reforma y reestructuración. Particularmente, la reforma educacional chilena de los años 90 en el contexto post dictadura se propuso como objetivo adecuar el sistema a un contexto de globalización en el que la educación tiene un rol fundamental para el desarrollo económico, en cuanto debe proveer herramientas y habilidades de nuevo tipo para que el país progrese y tome relevancia en el escenario mundial. En este sentido, el foco en el mejoramiento de la calidad es evidente, por lo que un ámbito crucial de esta reforma fue la transformación del curriculum, intentando acercarlo al desarrollo de nuevas capacidades vinculadas con las demandas de un mundo en constante cambio y cada vez más interconectado. De este modo, a mediados de la década de los 90 Chile comenzó a participar de evaluaciones estandarizadas internacionales que permitían medir el impacto de las políticas públicas enfocadas en calidad y resultados educativos, así como establecer comparaciones con otras naciones.

Si bien el propósito de mejorar la calidad educativa para la inserción de Chile en el contexto global fue propuesto en una reforma que se remonta a casi 30 años atrás, este foco continúa siendo relevante, lo que se evidencia en los esfuerzos de nuestro país por avanzar hacia el logro del cuarto Objetivo de Desarrollo Sostenible propuesto por la ONU, que aborda la necesidad de garantizar educación según criterios de inclusión, equidad y calidad, así como la promoción de oportunidades de aprendizaje permanente para todos. Particularmente, la primera meta dentro de este ODS se vincula con el logro de que todos los niños completen la educación primaria y secundaria y con la producción de resultados de aprendizaje pertinentes y efectivos. Además señala que la enseñanza debe ser gratuita, equitativa y de calidad. En este marco, una problemática es que esta meta presenta como único indicador de evaluación la proporción de niños y niñas, desglosada por sexo, que, por lo demás, en ciertos niveles educativos alcanzan competencias mínimas en lectura y matemáticas.


Sobre los elementos contemplados en la primera meta del ODS 4


Un primer punto a señalar desde esta perspectiva es el planteamiento en sí de la primera meta del ODS 4. En este se establecen tres características con las que debería contar la educación de un país: gratuidad, equidad y calidad. En este sentido, la propuesta de evaluación de este indicador parece ser insuficiente, en cuanto aborda únicamente la medición de calidad a través del logro de competencias mínimas, pero no considera, por una parte, el porcentaje de la población que efectivamente completa la enseñanza básica y media y, por otra parte, si realmente la oferta educativa del país sigue los lineamientos de gratuidad y equidad. Aún más, si bien la elaboración de herramientas de medición de esta meta es un tema del que se están ocupando los organismos internacionales pertinentes, estos únicamente están contemplados en cuanto al logro de resultados de aprendizaje, pero no de los otros aspectos mencionados, como se puede evidenciar en la Guía Abreviada de Indicadores de Educación para el ODS 4 de la UNESCO. Es particularmente relevante en el caso de Chile la falta de énfasis en la medición de la equidad en relación a la calidad, pues el acceso equitativo al conocimiento según nivel socioeconómico continúa siendo un gran desafío nacional, como es posible observar en el análisis de algunas mediciones estandarizadas de la calidad de la educación que se presenta más adelante. Es recomendable en este sentido que en las políticas públicas de nuestro país se profundice en metodologías de evaluación de la equidad del sistema educativo, por ejemplo a través de una mirada a instrumentos como el Manual sobre medición de la equidad en la educación.


Sobre los resultados de Chile en lectura respecto al logro del ODS 4


En segundo lugar, es necesario profundizar en los resultados que Chile ha presentado en cuanto a esta primera meta dentro del ODS 4, específicamente en comprensión de lectura como habilidad transversal al aprendizaje. Recientemente, en junio de este año, se publicó el 2º Informe Nacional Voluntario de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. En este, el indicador referido a la proporción de niños que alcanzan competencias mínimas en lectura y escritura es evaluado a partir de los resultados de algunas mediciones estandarizadas internacionales, como son ERCE y PISA. No obstante, se requiere ahondar en la información presentada para identificar el real avance, pues esta está señalada más bien como una recolección de datos sin la suficiente precisión respecto a si los estándares utilizados para establecer los niveles de logro son comparables entre una prueba y otra. Asimismo, una síntesis más clara en el desglose por sexo y nivel socioeconómico permitirá visualizar mejor el panorama. De esta manera, considerando la relevancia de los ODS en cuanto al establecimiento de orientaciones, metas e indicadores de logro y progreso desde una perspectiva internacional, sería recomendable una revisión del enfoque en el análisis de resultados de aprendizaje que se sostiene desde la Agencia de la Calidad de la Educación, de modo de asegurar que la propuesta de políticas públicas que surgen a partir de las evaluaciones estandarizadas nacionales e internacionales esté alineada y sea coherente con la persecución de las metas planteadas. Así, se logrará que los ODS realmente permeen la estructura de las instituciones gubernamentales nacionales.


Profundizando en los resultados de calidad del aprendizaje, según el reporte de 2019 de la División de Estadísticas de la ONU, en América Latina el porcentaje que no alcanza las competencias mínimas es de 36% en lectura y 52% en matemáticas, mientras que a nivel mundial estas cifras aumentan a 58% en lectura y 56% en matemáticas. Comparativamente, los resultados que arroja el informe de avance de Chile son esperanzadores ya que se encuentran en un rango muy superior a estas preocupantes cifras regionales y mundiales. No obstante, es necesario profundizar en los datos nacionales para hacer algunas precisiones que orienten los pasos para un futuro progreso, como se presenta a continuación.


En cuanto a las mediciones en lectura, el informe de avance de Chile señala que en TERCE 2013 (Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo, aplicado en países de Latinoamérica y el Caribe) un 93,08% de los estudiantes de 3º básico alcanza el mínimo nivel esperable mientras que un 93,82% de los estudiantes de 6º básico lo logra. Ambos porcentajes son significativamente superiores a los otros países de Latinoamérica, sin embargo, desde un desglose por grupo socioeconómico es posible apreciar que si bien el índice general sitúa a Chile en un lugar más aventajado, internamente esto no es indicador de calidad igualitaria: en tercero básico, 84 puntos de diferencia entre los quintiles extremos y, en sexto básico, 74 puntos. En cuanto al desglose por sexo, existe una brecha de género que da una ventaja significativa a las niñas por sobre los niños, especialmente en sexto básico. Por otro lado, en PISA 2015 (Programme for International Student Assessment, aplicado a nivel mundial) un 71,56% de los estudiantes de 15 años logra competencias básicas de lectura. De este modo, las tendencias vistas en TERCE se mantienen, con Chile en primer lugar dentro de América Latina, pero aún muy por debajo de los países con mayor logro a nivel mundial. La brecha entre los quintiles socioeconómicos extremos en PISA, con 95 puntos de diferencia en el nivel de logro, reafirma lo visto en TERCE. Junto a esto, la brecha de género se mantiene dando ventaja a las mujeres, pero está dentro de las menores comparativamente con otros países.


En el informe de avance en el logro de los ODS de Chile, junto con los resultados anteriores se presenta una serie de iniciativas que se han impulsado desde el gobierno y otros actores asociados para el progreso en calidad educativa, la cual es señalada como prioridad nacional. Respecto a lectura específicamente, se indica el programa “Leo primero” para el nivel de primero básico. Es necesario, por una parte, proyectar a mediano plazo la medición del impacto de este programa de manera de evaluar su continuidad, posibles ajustes y expansión contextualizada a las distintas realidades regionales del país. Por otro lado, se debe ampliar la oferta de programas y políticas públicas enfocadas en las habilidades de comprensión de lectura en cuanto capacidad fundamental para el aprendizaje de distintas disciplinas, a partir de marcos teóricos e investigaciones empíricas pertinentes que aborden los principales factores asociados al mejoramiento de esta habilidad, de modo de asegurar la efectividad de las iniciativas. Un ejemplo más concreto es prestar atención a los parámetros generales de importancia en estudios comparados en los cuales Chile participe, como este reporte de hallazgos de PIRLS 2016. Y más específicamente, la observación contextualizada de medidas implementadas por países con amplio progreso en estas evaluaciones puede ser útil, como el caso de Eslovenia en cuanto a innovación, acompañamiento docente y ajustes curriculares que incluyen una mayor interpretación de textos dentro del aula.


En conclusión, al realizar un análisis tanto de la propuesta del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 como de la sección del informe de avance de Chile en relación a este objetivo, podemos evidenciar la necesidad de especificar métodos concretos para la medición del progreso en cuanto a cobertura y equidad del sistema educativo. Además, se requiere profundizar la manera en que este ODS se establece como verdadera meta en los organismos nacionales, en cuanto a evaluación de la calidad de nuestras escuelas para mejorar la enseñanza y, por tanto, los resultados de aprendizaje de los niños y jóvenes de nuestro país. De este modo, es importante que las instituciones pertinentes impulsen la revisión de las estructuras y la elaboración de políticas públicas que evidencien el avance del sistema escolar tanto en equidad como en calidad educativa, en función de un desarrollo amplio y continuo. Así, el involucramiento de Chile con los ODS no será simplemente un acercamiento momentáneo a las propuestas internacionales, sino una adopción real de los lineamientos que como comunidad mundial hemos identificado y señalado como las claves para la transformación del rumbo hacia un progreso humano y económico desde una perspectiva sostenible.


259 vistas

Todos los derechos reservados Fundación Comunidad 2030, Diseñado por A1